MISCELÁNEAS MISCELÁNEAS: 9 horas de amor
"No importa lo lento que vayas, siempre y cuando no te detengas."
- La sabiduría de Confucio

martes, 9 de junio de 2009

9 horas de amor

Jueves de una noche de primavera, son casi las diez de la noche y mi colectivo sale en media hora. Tengo tiempo, voy a la ventanilla y saco el boleto de regreso a mi pueblo. Me siento en uno de los bancos del andén y para matar la espera miro el ir y venir de gente en la terminal.
Los rostros cansados, muchos con paquetes y valijas, los pasajeros que buscan partir de la ciudad. Los que regresan están también apurados y se dirigen rápidamente a la salida.
En ese incesante desfile de personas, algo me llama la atención. Una joven camina desde una punta la otra como buscando algo. La observo y me agrada lo que veo. Sencillamente vestida con una pollera corta que deja ver unas contorneadas piernas y con pasos cortos y sutiles va en dirección hasta donde estoy sentado. Pasa frente a mí sin mirarme siquiera, la veo irse y me gusta. Al llegar al fin del anden regresa y vuelve a pasar frente a mí, ahí me doy cuenta que busca algo, entre perdida y confundida, su rostro denota preocupación. Parece una gacela asustada.
Movido no sé porque impulso, dejo el banco y la sigo. No sé que decirle, temo su rechazo, cuando la alcanzo le digo:- Hola, buscas a alguien?- Ni me mira y sigue caminando sigo a su lado.
-Perdona mi atrevimiento pero sólo quiero ayudarte.-Nada de su parte , seguimos así un largo rato, caminando, yo hablando y ella muda.
Luego de un rato me dijo:-Pará, no te confundas conmigo. Yo soy mamá de un nene de tres años y estoy esperando que me vengan a buscar.
Accedió a que nos sentáramos en un banco del andén, tal vez cansada de caminar dando vueltas, para seguir hablando.
Para darle confianza le dije:- Mirá yo viajo a las 10,30 hs. este es mi boleto y ése colectivo que sale es el mío. Dije mientras miraba alejarse al coche que me debía transportar de vuelta a casa. Ahí recién se relajó y esbozó una sonrisa.
Tímidamente comenzó a hablar, su voz cálida, era como un susurro, con un tono de ingenuidad que la hacía hermosa.
Me comentó que era hija única de una familia muy humilde y desde hace tres año madre soltera de un nene precioso.
Cuando se embarazó el novio la dejó y decidió tener su hijo sola y por suerte tuvo el respaldo de sus padres que la ayudaron en todo. El parto fue por cesárea, no tuvo complicaciones.
Siguió con su relato, yo la miraba embelesado, admiraba tanta ingenuidad, tanta frescura. Sentía una ternura que iba in crescendo a medida que su relato avanzaba.
Me habló de sus esfuerzos para salir adelante y las penurias que debió afrontar. De la enfermedad de su padre ahora internado en el hospital ferroviario de Leones( Pcia.de Córdoba) de donde eran oriundos. Estaba grave y la obra social no le quería renovar la estadía de internación por otro período, lo que lo colocaba en una situación desesperada.
Un abogado con una relación de peso en el sindicato que regenteaba la obra social y que había colaborado para que se lo internara en ese hospital le había ofrecido solucionar el problema con una condición: que accediera a sus requerimientos amorosos.
Un día se le presentó en su casa, a la que concurría siempre con el pretexto de la obra social de su padre, y sin ningún tipo de miramientos le dijo:
-Mirá querida, a tu viejo hay que sacarlo del hospital porque ya han vencido los plazos de cobertura y no se puede hacer nada. Sólo yo te puedo solucionar el problema y hacer que siga internado todo el tiempo que se necesite. Pero eso sí, siempre que vos seas mía. Yo me arriesgo solo si te tengo toda para mí.
Este hombre se le había insinuado infinidad de veces y siempre lo había rechazado sin darle ninguna esperanza.
Otro sentimiento empezó a emerger en mí, era una mezcla de dolor, repulsión y asco por la actitud de este sujeto al que sin conocerlo me lo imaginé un ser lascivo y despreciable. Empecé a sentir odio hacia esa persona, odio que agigantaba aún más mi admiración para la piba que tenía enfrente de mí.
A esta altura sentimientos encontrados pugnaban dentro mío, odio por un lado, ternura y admiración por el otro. Creo que en ese momento la empecé a querer.
- Así que no tuve otra salida más que aceptar su propuesta y por eso estoy aquí. Llegué y pensé que me estaba aguardando, esperé y como no venía le llamé por teléfono, pero nadie contestó. No sé que hacer. No tengo a donde ir y no conozco la ciudad, es la primera vez que vengo.
-Vamos, dije mientras me ponía de pié.Te llevaré a conocer el centro, aquí no podemos quedarnos.
Salimos de la estación y fuimos a tomar un colectivo. Antes de subir, me tomó del brazo y me dijo:-Me traerás de vuelta aquí,¿ no es cierto?.
Sonó como a una súplica y su mirada transmitía el miedo que ella sentía.
-Confía en mí, te traeré de regreso. Quizás me pareció, pero creo que sonrió y juntos subimos al micro.
Paseamos un rato sin sentido por la peatonal y quizás sin pensarlo me encontré con ella en un taxi ingresando al "mas cercano", un hotel escondido.
Nos recibió un empleado que sin mediar palabra nos ubicó en una habitación.
-No nos preguntó que queríamos, ¿como sabía? dijo mientras me miraba incrédula. Esto es lo último que recuerdo con claridad. Lo que siguió son sensaciones, es todo una nebulosa, me veo abrazándola, descubriendo su cuerpo con caricias, besando sus labios trémulamente y ella respondiendo con ardor a la caricia. Caímos en la cama, percibí su calor y ella el mío, sus ropas y mis ropas desaparecieron, solo quedamos ella y yo. Adoré su cuerpo, tal eran mis sentimientos, descubrí la herida que circundaba su vientre y la cubrí de besos. Nuestros cuerpos se fundieron en uno solo y la mezcla de pasión y amor se apoderó de nosotros. En ese instante todos los sentidos y todos los sentimientos se mezclaron y gozamos del amor.Fue sublime.Cómo amaba a esa muchacha.
Después, siempre hay un después, una inmensa paz nos envolvió, ella se durmió y yo velé sus sueños.
Llegó el momento de abandonar el hotel, ya era de mañana, y nos dirigimos nuevamente a la estación de colectivos. En la cafetería tomamos un café con leche y medias lunas. El romance aún continuaba y nos miramos y sonreíamos como dos enamorados. Hasta que llegó el momento de volver a la realidad y ella fue a un teléfono público para hacer la llamada. Al regresar me dijo:- Ya viene, son apenas media hora más.
Nos miramos y comprendimos que el fin estaba cerca. Cuando lo vio venir, apresuradamente me beso y me dijo:-Gracias. Sonrió pero en sus ojos vi lágrimas pugnando por salir que la delataban.
Fue a su encuentro y no pude soportarlo. Corrí hasta mi anden y me trepé al colectivo como náufrago a una tabla en el mar.Tuve suerte había un siento desocupado, me apoltroné en el, recliné mi cabeza en el respaldo, cerré mis ojos y me quedé dormido.

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