MISCELÁNEAS MISCELÁNEAS: Día del maestro
"No importa lo lento que vayas, siempre y cuando no te detengas."
- La sabiduría de Confucio

viernes, 11 de septiembre de 2009

Día del maestro

Gracias, Maestro !


En mi pueblo, un día cualquiera, cerca de las vías del ferrocarril, juegan unos chicos de entre 10 y 11 años.
De pronto uno de ellos gritó: -El maestro, muchachos, el maestro. Instantáneamente el grupo se arrojó de bruces tras unas improvisadas dunas, resabio de algunos trabajos efectuados antiguamente, formadas por montículos de arena invadidos por la maleza.
En ese grupo de pibes me encontraba yo y cómo ellos no quería que el maestro me viera en ese lugar. ¿Miedo? Sí a la reprimenda que no se hacía esperar.
-La calle ( ó las vías) no es lugar para que los chicos jueguen, decía. Para eso están los clubes donde pueden reunirse y jugar sin peligros.
Si esto no daba resultado y te pillaba en infracción llamaba a los padres y se lo comentaba.
Yo no le tenía miedo al maestro, pero sí respeto. En ese entonces no lo comprendíamos, pensábamos que lo hacía de pesado no más.
Y seguíamos jugando a la pelota en el brete, un lugar dispuesto para la carga y descarga de las vacas a los trenes del ferrocarril.
En este lugar improvisamos una canchita - sin arcos, claro- y ahí jugábamos.

Lo tuve desde cuarto a sexto grado y es el único maestro de que me acuerdo en este instante. Los anteriores de primero a tercero fueron maestras y se ve que no dejaron huella en mí.

Tenía mucha personalidad, de firmes convicciones y gran conocimiento para enseñar cualquier materia en la escuela y fuera de ella.
Además dibujaba muy bien. Cuando yo estaba en cuarto pintó un mural en la pared exterior del aula que daba a la galería. Era la conocida escena con San Martín aprisionado bajo su caballo y el Sargento Cabral tratando de auxiliar lo y un soldado enemigo fusil c/bayoneta en mano lo agredía por atrás.
En aquel entonces creía que políticamente simpatizaba con el comunismo, aunque nunca lo supe a ciencia cierta.
Sabía que no profesaba la religión católica como la mayoría de los habitantes del pueblo.
Recuerdo una oportunidad al comenzar el ciclo lectivo se llamó al cura para que diera su bendición a la escuela y además los maestros juraban cumplir con los deberes de su profesión.
Todos juraron por Dios y los Evangelios poniendo su mano sobre un ejemplar de la Biblia.
Él juró por la Patria, posando su mano en la Constitución Nacional.

Había que ser valiente para hacer una cosa así frente a todas la autoridades del pueblo y en el contexto histórico de la Nación.

El comunismo habías sido proscrito por Perón y se exponía a probables represalias. No pasó nada y personalmente creo que fue porque en la localidad se lo respetaba mucho.
Un día -había fallecido Evita- al comenzar la primera clase nos comunicó lo que pasaba.
- Hay orden de que todos llevemos luto en la escuela, en los guardapolvo y que se coloque en una esquina de las hojas del cuaderno de clases.
Yo no voy a obligar a nadie. Que cada uno actúe de acuerdo con le diga su conciencia. El que esté de acuerdo la lleva y el que no esté de acuerdo no.
El primero en no acatar la orden del Ministerio fue él.

Te daba libertad de expresión y te escuchaba. Alentaba nuestras fantasía de chicos y nos llevaba por mundos desconocidos por nosotros.
En una clase de lengua, por ejemplo, se terminaba hablando del universo y los planetas.
A veces desplegada en el pizarrón mapas que tenía que ver con lo que nos explicaba.
No, No se iba por las ramas. Lo que hacía era abrir nuestra mentes e incitar nuestra imaginación.
Nos enseño que al revés de las matemáticas, en la vida existe más de una solución para el mismo problema y está en nosotros ver cual de ella nos conviene más.

Hoy al evocar aquel episodio de las vías sé que lo que hacía era preocuparse por nosotros, por nuestra educación, por nuestro bienestar.
A él le cabía el título de Maestro. Con su sapiencia nos enseñaba y se ocupaba de que aprendiéramos. No descalificaba, ni discriminaba, se hacía oír pero a la vez nos escuchaba y orientaba.

Ese Maestro se llamaba José Napoleón Morales.
Hoy debe estar enseñando a unos ángeles remolones sus clases de vida, además de matemáticas y lengua.

En este día tan especial, mi recuerdo para Él, "mi" Maestro.

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