MISCELÁNEAS MISCELÁNEAS: Día de lluvia
"No importa lo lento que vayas, siempre y cuando no te detengas."
- La sabiduría de Confucio

martes, 19 de febrero de 2013

Día de lluvia

Amaneció lluvioso, oscuro, feo. Aún sigue así.
Por suerte no hay viento y la lluvia es calmada.
Un día gris, absolutamente falto de luz y alegría. Me deprime.
Me asaltan los recuerdos y evoco otros días lluviosos, allá en mi pueblo, hace mucho tiempo.
Recuerdo que cuando niño cada vez que llovía mamá aprovechaba para hacer tortas fritas. Me veo entonces sentado en el alféizar del ventanal de la cocina con vista a la galería y al patio contemplando el aguacero.


En la cocina Mamá preparando todo. - Carlitos,   andá a comprar harina ( o grasa) a lo de Carmona . Me decía mientras me  daba unas monedas, y allí iba yo cubierto con una bolsa de arpillera protegiéndome de la tormenta.
La despensa de Carmona estaba casi enfrente de casa cruzando la calle, pero era día de lluvia. Calles de tierra, ahora transformadas en fangal con las cunetas llenas de torrentosas aguas.
Por eso debía ir hasta la esquina para cruzar por una vereda de 50 cm de ancho que unía ambas aceras. Generalmente estaba tapada de barro por el constante paso de los caballos y sulkys con que se movilizaban las personas, sobre todo los que vivían en el campo.
Ese barrito chirle hacía muy resbaladizo el andar y así andaba yo a las patinadas por el fango tratando de mantener el equilibrio para no caer y enchastrarme todo.

Otras veces a la siesta solía jugar en el galpón lindero al gallinero en el patio de casa. En ese galpón estaban las ponedoras en sus nidos y con sus huevos.

Mientras disfrutaba de los sonidos del agua sobre las chapas de zinc sigilosamente tomaba uno de los huevos, lo cascaba y lo comía. Eso sí, uno por día, no más.
En ese tiempo no se sabía que existía la salmonella.

Lo que provoca este día gris, triste, húmedo es que afloran nostálgicos los recuerdos.
Recuerdos de los que ya no están y notamos la falta.
Pero si miramos el presente vemos que hemos recorrido un largo trecho y que debemos atesorar los bellos momentos y disfrutar el ayer y el hoy de nuestra existencia.
Porque en definitiva somos la suma de todo eso. Crecimos gracias a todos los enviones recibidos, buenos y no tan buenos ; otros, no diría malos sino desagradables, que es mejor olvidar.





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