Esa maldita corbata

Maldita corbata, además del saco la he usado diariamente por más de cuarenta años.

Yo no se si nací bancario ó me hicieron las circunstancias.
Solo sé que fue el único trabajo de mi vida.
Bancario.. que bien sonaba allá por la década del 60.

-Es un buen partido. Decían las madres de las chicas del pueblo.
El chico vestía bien y el sueldo era bueno.
El Banco Nación toda una Institución.

La vestimenta exigida era camisa de colores claros, saco y corbata.
Sólo en verano y si la sucursal carecía de aire acondicionado se podía prescindir del saco.
La corbata era inamovible.
En los meses cálidos ajustaba y parecía asfixiar.
No estaba previsto y no era aconsejable desabrochar el primer botón de la camisa, lo que posiblemente habría aliviado algo la situación.

Sea como sea usé siempre corbata y de acuerdo con cada época fueron mono cromáticas, bicolor, tricolor, sin rayas, con rayas, con dibujos, anchas, angostas, largas, cortas, de algodón, sintéticas, de seda y quien sabe que más.

Lo que me pasó con este adminículo es raro, al principio era una marcada molestia pero con el tiempo la fui asimilando y me fui acostumbrando como si fuera cosa del destino.

Me pasó algo así como el Síndrome de Estocolmo.
La corbata me convirtió en su víctima sometiéndome a una gran presión, no solo física sino también psicológica.
Sentía que no podía escapar y abandonado por la sociedad pacata que no hacía nada para rescatarme.
Fue así como así que me refugié en la seguridad que ella me daba.
Con el paso del tiempo me fui olvidando del ahogo que me provocaba y fui buscando su empatía.
Cuarenta años compartiendo gran parte del día, juntos, indisolubles, amalgamados, enlazados, unidos hasta que la jubilación nos separó.

Aleluya! Por ese día.
Día de la liberación. Chau corbata cruel y con vos adiós al traje y porque no también a los lustrosos zapatos.
Bienvenidos jeans, remeras y zapatillas.
Esto si que es vida.
Publicar un comentario

Mis pequeños querubines

B risa suave que reanima, R isa y simpatía que alegra, I maginas historias sin lágrimas A lma pura y generosa, N oche estrellada de ver...