CADA COSA EN SU LUGAR


Hay un tiempo para cada cosa y cada cosa debería estar en su lugar.
Razonamiento lógico de un adulto mayor, pero impensado para la camada joven
que supone que los tiempos son únicamente los que ella dispone, y las cosas se deben acomodar solas.

La juventud, aún la más bien intencionada, arremete primero, realiza antes y luego piensa.
Pero su pensamiento es propio de su propia experiencia  o inexperiencia de vida, cuanto más joven, menos trayecto recorrido, menos hechos y circunstancias atravesadas, menos errores y menos aciertos. 

El pensamiento se irá modificando a medida que queme etapas y de cómo las pasó a cada una de ellas.
Su razonamiento crecerá a medida que se vaya nutriendo de cosas nuevas, evaluando los hechos y las decisiones tomadas durante su corta o mediana vida.

A medida que pasa el tiempo se irán dando cuenta de la existencia de un orden universal, natural que rige de una manera nuestro mundo.

Un orden en tiempo, espacio y de las cosas.

Ese mismo orden debemos trasladarlo a nuestras vidas.
Primero en casa, en familia puertas adentro, para luego continuar en el exterior en nuestra relación primero con el barrio, los vecinos, luego con la ciudad o el pueblo y después- porque no-con el mundo.

Algunos dicen que esto depende de la educación y que al no haberla recibido como debiera ser, la culpa es el “otro” o sea del estado.
El estado es algo indeterminado ya que no se lo identifica con una época, un gobierno o una persona en especial. Es algo latente y como tal no existe forma de que se pueda cambiar la situación.

Todo país civilizado tiene leyes que determinan el orden que debe imperar en su territorio. Los habitantes deben conocerlas y desde ya acatarlas.
Las justicias e injusticias dan lugar a reclamos los cuales deben hacerse en el orden y por los procedimientos determinados en cada caso.

Cuando las injusticias son mayores que las justicias y los reclamos por tales hechos se salen de su cauce es hora de pensar seriamente en modificar las leyes para adecuarlas a las realidades vigentes y venideras teniendo el horizonte de al menos una o dos generaciones más.

Es responsabilidad de los gobernantes, dirigentes, intelectuales, sabios y viejos colaborar en resolver mancomunadamente todos los desajustes que perjudican a toda la sociedad.

La mayor injusticia es la miseria, el hambre, la ignorancia y las muertes evitables que la desidia provocó.
Esto no necesariamente depende de nuevas o actualización de leyes existentes sino de la empatía necesaria de aquellos que deben aplicarlas.

Falta un criterio humanístico para resolver estos problemas endémicos de nuestra sociedad.
Yo diría no es apego a la ley sino al corazón lo que se necesita para terminar ( o disminuir al mínimo) con la injusta miseria y pobreza.
  
Amor al prójimo sintetizaría todo lo que se necesita para terminar con la mayor enfermedad que está comiendo lo cimientos de la nación.

Este amor al prójimo debe estar protegido por el estado que debe influir eficazmente para proteger a la masa laboral cuando se aumente la productividad concentrando la renta beneficiando al capital,.

Está visto que el capital distribuye la mayor cantidad de su riqueza en los puestos de dirección y jerárquicos, con lo que deja una participación muy reducida para repartir en un volumen muy grande de  laburantes elevando aún más la desigualdad del ingreso.






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